Franco y la cruz laureada de San Fernando (11/17): una condecoración que hay que ganársela

Me llama la atención que al lado de la declaración de Forriols, expuesta en la entrega precedente, alguno de los jefes u oficiales que la leyeron marcó con un ‘ojo’ escrito a mano a lo largo del lado izquierdo del folio 124 del expediente del juicio contradictorio. La acusación era, de esto no cabe la menor duda, muy fuerte.  No más fuerte, sin embargo, que lo que figura en unas notas personales del posterior general Batet, probablemente de 1921 si no antes, y que se referían a Franco:

“El comandante Franco del Tercio, tan traído y llevado por su valor, tiene poco de militar, no siente satisfacción de estar con sus soldados, pues se pasó cuatro meses en la plaza para curarse enfermedad voluntaria, que muy bien pudiera haberlo hecho en el campo, explotando vergonzosa y descaradamente una enfermedad que no le impedía estar todo el día en bares y círculos. Oficial como este, que pide la Laureada y no se la conceden, donde con tanta facilidad las han dado, porque solo realizó el cumplimiento de su deber, militarmente ya está calificado”.

Las itálicas en negrita de la anterior cita (que tomo de la reproducción hecha por mi añorado amigo el reverendo padre Hilari Raguer en su biografía de Batet) deben dar que pensar. Lo que hubiese ocurrido podría haberlo sabido la Superioridad si lo hubiera querido, pero por razones que solo un ser sobrenatural podría conocer se prefirió cerrar no un ojo sino dos.

De todas maneras, las mentirijillas de Franco todavía no se habían desvelado del todo. El brigada Forriols afirmó que nada de lo expuesto en la entrega anterior le impedía declarar sobre lo que estaba en cuestión. Por consiguiente, respondería a las preguntas que se le hicieran, aunque solo en función de lo que había presenciado. En este sentido declaró que “el capitán Franco, efectivamente, fue herido y que fue él mismo, junto con el moro Mohamed Ben Mohamed Dukali, quien lo condujo a la ambulancia, que ignora el momento en que fue herido por no haberlo visto y que ignora también el tiempo que pudo permanecer en el lugar de la acción después de herido porque el declarante marchaba con el oficial de la sección de vanguardia primer teniente Don Juan Muñiz Matilla (…) y aun cuando no puede asegurar el que fuera [herido] inmediatamente de serlo, cree que sí por la circunstancia de que, encontrándose el declarante animando a un corneta de corta edad llamado (nombre indígena indescifrable) sí vio cómo a unos quince o veinte metros traía un moro al capitán, que él entonces fue a su encuentro y cuando solamente les separaban unos cinco metros, el capitán con ademanes faltos de fuerza le indicó aceptaba la proposición que el declarante le hizo de transportarlo a la ambulancia y que durante el camino el citado capitán le dijo que no corriera, que posteriormente cansado el declarante hizo continuara transportándolo el moro Dukali que marchaba detrás de ellos, por lo que considera que el capitán tenía conocimiento (…) pero se encontraba completamente falto de fuerzas, sin que pueda asegurar si al ser herido conservó fuerzas para mandar, ni el tiempo que lo pudo hacer, ni los movimientos que pudiera mandar, disposiciones que tomó o indicaciones que hizo para combatir…“

Es decir, según esta transcripción, que no figura en las conclusiones de Gudín, pero sí en la del juicio contradictorio, a Franco le pegan pronto un tiro, cae herido, lo recoge un soldado indígena, lo lleva donde está Forriols, que se hace cargo del capitán, propone trasladarlo a la ambulancia, Franco señala que sí, el brigada se cansa durante el transporte y lo traspasa al soldado moro. Entre ambos lo ponen a salvo y lo sacan de la escena a toda velocidad. Franco no pierde consciencia, pero no puede dar ninguna orden. No estoy en condiciones de saber si, finamente desde luego, se hizo algún tipo de presión sobre el brigada.

Lo que significa lo anterior es que José Forriols Grafía hizo pivotar sobre el moro Dukali el origen de su actuación. De aquí que, siendo el juicio contradictorio un procedimiento serio, el fiscal buscó la forma de interrogar al soldadito de Regulares. Tardó en conseguirlo porque había sido trasladado a Ceuta. En esta ciudad tuvo que agenciarse un intérprete. Finalmente escuchó y tomó nota de sus declaraciones el 10 de diciembre de 1917. En la hoja de servicios de Franco publicada se recoge un resumen. Es el siguiente:

“El capitán Franco fue precisamente el primero de la compañía que cayó y que lo recogió en seguida, no habiendo perdido el conocimiento, pero no quedó en condiciones de mandar, pues no tenía energías para ello, transcurriendo un cuarto de hora desde el principio hasta que cayó herido, no teniendo por ello tiempo de realizar acto alguno distinguido o heroico, y que las 58 bajas fueron hechas después de herido el capitán”.

Esto, evidentemente, debería bastar para tirar a la basura todas las informaciones que sobre el incidente se escribieron después de hacerse pública la versión recortada de la hoja de servicios de Franco. Salvo el coronel Blanco Escolá y algo Andrés Rueda, que yo sepa, nadie ha reparado en ello. Cabe censurar, pues, a los profesores Suárez Fernández y Payne como los defensores más representativos de este absurdo mito franquista. Les guste, no les guste, les inquiete o les deje indiferentes.

Ahora bien, Dukali dijo algo más sobre las circunstancias de su intervención que se recogieron en el expediente del juicio contradictorio, pero NO EN LA DOCUMENTACIÓN PUBLICADA. He, pues, de llamar expresamente la atención del lector. Es algo que ocurre y recurre en esta narración de las aventuras y proezas del ulterior Caudillo, en las que, por fortuna, he encontrado alguna que otra EPRE [evidencia primaria relevante de época] no conocida con anterioridad.

Así que entremos ahora en la parte no publicada de la hoja de servicios y de lleno en el expediente completo del juicio contradictorioCuando se hace esta sencilla operación resulta que el soldado de Regulares Mohamed Ben Mohamed Dukali lo que señaló en primer lugar fue que el capitán [Franco] se puso al frente de su compañía a la que animaba con expresiones tales como “¡arriba, askaris, arriba!”.

Hay una preciosa referencia al caso que lo presenta de una manera completamente absurda, cuando no grotesca. La debemos a Pilar Franco Bahamonde.

No puedo por menos de señalar que hubiera sido algo raro si Franco hubiese alentado el ataque desde en medio de la compañía. Esas cosas no se hacían. Había que ir al frente y desgraciado del oficial que no lo hiciera. Dukali, por desgracia, no declaró si su capitán llevaba un silbato, un sable o una pistola. A lo mejor tenía una, si los cuentos que el ya glorioso Caudillo narró al Dr. Soriano Garcés fueron exactos, excepcionalmente en este punto. Obsérvese que ningún historiador que yo conozca (y aquí quizá deba entonar un mea culpa por no haber consultado, desde Bruselas, toda la literatura disponible en las bibliotecas españolas) ha mencionado las exhortaciones de Franco. “Askari” era una denominación común a las tropas indígenas que utilizaban los ejércitos europeos y, en particular, el alemán en África. El DRAE los define, recortadamente, como “soldados de Infantería marroquíes”.

Hay una preciosa referencia al caso que lo presenta de una manera completamente absurda, cuando no grotesca. La debemos a Pilar Franco Bahamonde. La dijo en una especie de documental, repleto de burradas, sobre la inmortal película de José Luis Saenz de Heredia basada en una de las más reveladoras caracterizaciones del glorioso Caudillo, que hicieron Gonzalo Herralde y Román Gubern en 1977 bajo el título de Raza. El espíritu de Franco. Está disponible en la red en varias versiones, pero la versión que he visto está provista con subtítulos en inglés. Esto permite que pueda contemplarse en todo el amplio mundo.

En este documental, la hermanita Pilar Franco Bahamonde, ya muy entrada en años y que se autodefine como de extrema derecha al final, se refiere al caso de la Laureada en el minuto 45 aproximadamente. Diserta afirmando que a su hermano se le sometió varias veces (sic) a juicios contradictorios sin resultado, que nunca solicitó la Cruz Laureada y terminó añadiendo que tal condecoración era algo que se ganaba muchas veces en el terreno, pero pocas en el expediente. En el minuto 49 se despachó con un máximo de barbaridades acerca de la inmortal acción de armas que no sabe identificar demostrando que estaba completamente gagá, aunque no lo pareciera. No puedo sino sugerir a los amables lectores que se entretengan y se rían un buen rato viéndola en el ordenador y aprovecho para agradecer a Rafael Sanz su amabilidad en darme la referencia que no conocía. Raza es una película que suele producirme espasmos de risa.

(continuará)

*Esta serie está dedicada a la memoria del Dr. Miguel Ull y de mi primo hermano, Cecilio Yusta, fallecidos a causa de la pandemia, que me ayudaron a desentrañar el primer asesinato de Franco, en la persona del general Amado Balmes.

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Ángel Viñas es economista e historiador especializado en la Guerra Civil y el franquismo.

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