El Coronel Busquets no tiene quien le nombre

 

Publicado en Publico.es

El Boletín Oficial del Ministerio de Defensa (BOD) publicó el pasado 5 de enero las recompensas militares que tradicionalmente se conceden en esta época del año con motivo de la Pascua Militar; entre ellas, aparece la correspondiente a Don Juli Busquets Bragulat. ¿Quién fue este hombre y qué méritos y circunstancias concurren en él para merecer la Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco a título póstumo? Su familia, sus amigos, su legión de alumnos civiles y militares (incluido alguno tan ilustre como el alférez de milicias Joan Manuel Serrat), sus antiguos compañeros de la Unión Militar Democrática, del PSC, del Congreso de los Diputados, de la Universidad de Barcelona, quienes conocemos y admiramos su figura y su obra, sentimos la víspera del día de Reyes profunda emoción y gratitud ante un acto de Honor y de Justicia debida.

Sin embargo, en esta materia siempre hay algún pero. Pasada la euforia del momento, muchos hemos sentido también cierta perplejidad por que el reconocimiento a un militar demócrata, largamente esperado, cuya concesión se funda precisamente en su contribución como militar al proceso democrático de España, se realice en el apartado de “personal civil ajeno” y privado de toda mención al empleo militar que tan dignamente alcanzó en el Ejército de Tierra: coronel del Arma de Ingenieros, egresado de la IX Promoción de la Academia General Militar (AGM).

Entendemos que este hecho disminuye injustificadamente el espectro del reconocimiento público para constreñirlo a un círculo reducido de personas —y me temo que cada día que pasa más limitado—, desaprovechándose así todo efecto pedagógico sobre el personal de las fuerzas armadas, cuyos referentes militares democráticos no son precisamente numerosos. El ejercer influencia (auctoritas) en los jóvenes oficiales siempre fue una cuestión muy querida y sentida para Julio Busquets, como también lo fue para su compañero Luis Otero: que comprendieran y valoraran las razones por las que un día decidieron abandonar su situación privilegiada (con la vida más que resuelta: comandante del Ejército y profesor universitario), para complicarse la existencia, perjudicar a su familia y arriesgar su carrera (o algo más vital) por una cuestión de conciencia democrática. Por una cuestión de honor.

Y nos duele en el alma que a este sacrificio, “prueba manifiesta de su patriotismo, su alta conciencia democrática y su inquietud por contribuir a mejorar las Fuerzas Armadas”, como destacó la Declaración Institucional del Gobierno, de 4 de diciembre de 2009 (BOE, 5 de diciembre), de reconocimiento a los militares demócratas con especial mención de la Unión Militar Democrática, se responda, aunque evidentemente no se pretenda, con ese hiriente lenguaje burocrático de “personal civil ajeno” con el que se despacha la orden de concesión de la Cruz del Mérito Militar.

Entonces nos asalta la duda de por qué se ha escatimado a la memoria democrática de nuestro país su rango militar: ¿es esto lo que se pretendía? Que su nombre se confundiera entre el resto de civiles, que no tuviera apenas eco en el ámbito de las fuerzas armadas, que no fuera sino el cumplimiento de un trámite administrativo, de un mandato parlamentario transaccional; o, por el contrario, existen razones legales que imponen esta forma de concesión de la recompensa militar. Una somera consulta con la legislación vigente nos permite descartar todo imperativo legal. En efecto, el artículo 41 de las Reales Ordenanzas (2009) impone el reconocimiento del militar retirado al que se le debe “el respeto y consideración que merecen su dedicación y servicios prestados”; y el artículo 115 de la Ley de la Carrera Militar (2007) indica que los militares retirados “podrán seguir identificándose con el empleo militar que hubieran alcanzado”. Lo predicado para los retirados vale también para los fallecidos.

Por tanto, si accediéramos al expediente completo de la orden de concesión, vía del Portal de Transparencia, quedaría patente el fundamento de la concesión de la recompensa militar, que no puede ser otro que su contribución como militar al proceso democrático, y, en consecuencia, la importancia capital de que figure el empleo militar alcanzado, tal y como se hizo en la concesión de cruces al mérito militar y aeronáutico del año 2010 con los oficiales de la UMD que fueron procesados por esta causa. Naturalmente, todos aparecieron en la publicación del BOD con su empleo militar. No eran civiles. El coronel Busquets, referente máximo de los militares demócratas, no puede ser menos que sus compañeros.

Cualquier glosa de la figura de Juli Busquets debe comenzar por señalar que fue un militar ilustrado vocacional. Doctor en Ciencias Políticas y diplomado de Estado Mayor ya con el empleo de capitán. Profesor en la Universidad Autónoma de Barcelona y renovador con su obra de la sociología militar española, como prueba el hecho de que fuera consultado por los principales autores internacionales de la época en este campo, como Morris Janowitz. En su obra, Busquets propuso una relectura de los clásicos españoles desde el comandante Villamartín al general Almirante, y una recuperación de la figura de militares formados en el régimen franquista, destacando el talante profesional del general Díez-Alegría, el técnico del general Sintes Obrador o la conciencia social del coronel Pinilla, luego general director de la AGM. Pero, Busquets no se quedó en el mundo de la academia, como podría haber hecho ventajosamente, sino que se implicó en la lucha por la Democracia desde los cuarteles en su anhelo de un sistema democrático para España, por puro compromiso. La Unión Militar Democrática (UMD) no se habría fundado en septiembre de 1974 sin su impulso, activismo y magisterio.

Busquets desarrolló también una carrera política destacada en las filas del partido socialista desde su candidatura como independiente en 1977, con un sensible (y poco conocido) papel en el proceso de fusión que desembocó en la creación del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), desempeñando durante cinco legislaturas una labor parlamentaria fundamental en el área de la Defensa. Sus méritos militares, académicos y políticos, sin embargo, no le sirvieron para desempeñar ningún cargo político ejecutivo. Tampoco obtuvo la dirección del Centro de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), puesto que ambicionó y para el que estaba singularmente cualificado. Como ocurrió con otros miembros de la UMD: tenían que pagar su disidencia del franquismo. Si el pasado antifranquista les abrió a algunos todas las puertas, a ellos se las cerró.

Al joven Busquets tampoco se lo pusieron fácil a la hora de desarrollar su labor investigadora en el ejército franquista. El libro El militar de carrera en España, publicación de su tesis doctoral, fue secuestrado en su segunda edición y su autor procesado por injurias. Curiosamente la Revista institucional Ejército hacía una elogiosa recensión de la obra pocos meses antes. Parece que alguien no había captado hasta entonces el oculto mensaje “disolvente” en la investigación académica. En otra ocasión, tal como estaba reglamentado, pidió el preceptivo permiso para investigar en el campo de su especialidad académica universitaria, la Sociología. La respuesta del entonces Ministerio del Ejército fue antológica, insuperable: no había inconveniente siempre que no tratara del régimen político, el Ejército o la Iglesia católica. Amén.

Fidel Gómez Rosa

Secretario del Foro Milicia y Democracia (FMD) | Miembro de la Asociación Española de Historia Militar (ASEHISMI)

 

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