Desde nuestra trinchera: la negación de la negación

Felipe VI, aferrado a su trono, niega con su silencio a su padre Juan Carlos I. Nosotros, militares demócratas, negamos desde nuestra trinchera a ambos. Es la negación de la negación.

El Rey Borbón vuelve a sermonear, con su anodino y convencional mensaje, a ciudadanos electos. Condición ésta, la de ser electo, exigible a cualquier Jefe de Estado en una democracia plena. Tal es el caso de la República Francesa o de la República Portuguesa, que lo es efectivamente desde un memorable 25 de abril de 1974. Mientras tanto, el Rey -que no es ciudadano electo- niega con sus estruendosos silencios los evidentes sablazos que su progenitor -tampoco electo, pero sí inviolable- propina impunemente al pueblo español.

Se trata, pues, en primer término, de la negación de un Rey Borbón por otro Rey Borbón, fugado como tantos otros. Hoy por hoy a la espera de su regreso. Un regreso que ineluctablemente se ha de producir, previo blanqueamiento de su gigantesca fortuna oculta, además de la paralización de las investigaciones judiciales en curso.

No todos somos iguales ante la ley.

Juan Carlos de Borbón, proclamado pomposamente Rey cuando aún era jefe en funciones de la dictadura franquista, acabó finalmente fugándose a hurtadillas con su botín a Abu Dabi. Un Rey que pretende ahora regresar triunfante, en olor de multitudes; salvo, entiéndase, fallecimiento prematuro.

En un segundo término, se trata de la negación de un Rey Felipe VI que no representa los intereses del pueblo trabajador, principal productor de la riqueza nacional.

Felipe VI afirma, contra toda evidencia, que la Constitución es viga maestra. Por el contrario, nosotros, militares demócratas del Colectivo ANEMOI, afirmamos que no lo es. En todo caso, espadón amenazante que pende sobre el pueblo y sobre las naciones sin Estado de nuestro atribulado país.

Es tiempo de paz, aunque también es tiempo de estar alerta, pues la paz siempre es una tregua entre dos guerras. Así nos lo recuerda de forma amenazante y recurrente una ultraderecha monárquica montaraz, que se escuda tras una monarquía impuesta por el tirano.

Estos furibundos generales, monárquicos hasta los tuétanos, casi medio siglo después del famoso óbito, continúan manteniendo su agresiva actitud franquista. Prueba de ello son las amenazas vertidas en un chat de mandos retirados del Ejército del Aire. Uno de sus miembros ha hablado de fusilar a 26 millones de españoles, mientras que otro planteaba la posibilidad de dar un golpe de Estado contra el Gobierno socialista. El caso ha sido archivado recientemente por la Fiscalía de Madrid, es decir sin exigir responsabilidades por tales hechos.

Por si fuese poco, vuelven a la carga. Esta vez desde Twitter, amenazando a todos los que no pensamos como ellos; por tanto, a la inmensa mayoría del país. Se trata en este caso de un diputado de Vox, que de forma grosera, ostentando uniforme de mando del Ejército y banderín de general de división, pretende hacer desfilar a la izquierda, comunistas, indepes, amigos de los terroristas… por los juzgados; cuando llegue al Gobierno, según dice.

En fin, supongo que en su concepto de amigos de los terroristas no entrarán los 110.000 asesinatos perpetrados por la dictadura franquista. Además, es de suponer, que ese desfile tan variopinto habría de ser ante jueces afines a sus fanáticos planteamientos, so pena de no ser admitido a trámite. Ser demócrata no es delito en la Unión Europea.

Quienes votan fascismo, alentando por tanto esa deriva totalitaria, son moralmente responsables de lo que pueda llegar a acontecer. Esa fue la actitud de sus partidos afines en el siglo pasado. No solo en España, sino también en Italia y Alemania en los años 20.

En octubre de 1922, Benito Mussolini, jefe del partido fascista, amenazó a su rey. Asustado por tal amenaza, el jefe del Estado italiano obligó a dimitir al presidente del consejo de ministros. Después nombró presidente a Mussolini, permitiéndole posteriormente acabar con la oposición democrática. La dictadura quedó instaurada en 1925. Once años después implicó a Italia junto a la Alemania nazi en apoyo del golpe militar de Franco contra el Gobierno constitucional, provocando la Guerra de España (1936-1939). Acto seguido, fue la agresión nazifascista que provocó la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

En la Alemania de la República de Weimar, el jefe del partido nazi Adolf Hitler llegó al poder tras las elecciones de marzo de 1933. Después, fue la cuenta atrás para el golpe militar fascista contra la República española. Después, la muerte, la destrucción, la Guerra “…un monstruo grande y pisa fuerte / toda la pobre inocencia de la gente…”

Aunque la Historia nunca se repite, las similitudes son abrumadoras. Es alarmante el resurgimiento de un nazifascismo militar rampante, parapetado tras la muy monárquica Constitución del 78.

Alerta, pues, compañeras y compañeros.

Manuel Ruiz Robles

Capitán de Navío de la Armada, miembro de la UMD y del Colectivo ANEMOI.