Me siento orgulloso de ser persona (sobre patriotismos y nacionalismos)

 

Me siento orgulloso de ser persona, una persona que no pudo elegir donde nacer, porque es algo que la naturaleza y las circunstancias imponen. He vivido en muchos lugares de España y también fuera de ella. He conocido gentes de todas las razas, religiones y he convivido con ellas, y he procurado comprenderlas y quererlas.

Lo siento, que me disculpen los que tienen fuertes sentimientos nacionalistas o patrióticos exclusivos, pero no los comparto y me cuesta entenderlos cuando esos sentimientos se transforman en excluyentes, insolidarios o xenófobos. Para mí no existe otra nación que la de los seres humanos, la de nuestro planeta vivo y bello. No existe otra patria que la que representan las personas, sean de donde sean, cualquiera que sea el color de su piel o el origen de su ADN.

Ya sé que algunos se me calificarán de “buenista” por expresarme de esta manera tan poco nacionalista y apátrida, pero en estos tiempos de tanta polarización nacionalista patriótica prefiero mantenerme al margen, y prefiero practicar el “buenismo” que inclinarme por la discordia y la descalificación continua. Prefiero el respeto a la violencia verbal y cultural.

Mi concepto de patria es muy reduccionista, lo llevo conmigo con los recuerdos de infancia que nunca olvidaré. Lo encuentro en mis amigos, en todos los lugares donde he sido feliz (en casi todos). No es una bandera única. No es una norma escrita, no es ninguna ley ni, por supuesto, ningún dogma. Es un poema. Sí, un poema del alma, de los buenos sentimientos, del corazón, no de las tripas.

No obstante, me emociono con la música, las costumbres, las tradiciones, la literatura, la pintura y las fiestas de tantos lugares en los que he vivido. Llevo a mi pequeño mar (el Mar Menor, donde nací) siempre en mi corazón; siento en mi alma el himno de España (el país del que formo parte), como la jota aragonesa (dónde ahora vivo) y por eso entiendo que todos los seres humanos tengamos esos mismos sentimientos en todas las partes del mundo. Lo que no llego a comprender es la exclusión y la falta de respeto a lo que sienten otras personas (por eso no apruebo que se piten los himnos de “otros”, ni tan siquiera en el fútbol).

Me gusta aprender otros idiomas, como medio para introducirme en las diferentes culturas y comunicarme con las personas que a ellas pertenecen. Pero no me gustan las imposiciones para aprenderlas, ni los desprecios por no poder hablar esas otras lenguas.

Me gusta la gente integradora, humilde, respetuosa, tolerante, amable, educada, solidaria…Me gustan las buenas personas.

Me siento orgulloso de ser persona, de intentar ser una buena persona, que no siempre se consigue. De creer todavía en que la paz es posible y de que todos los conflictos se pueden resolver siempre que haya personas que sean buenas personas.

Javier Jiménez Olmos

13 de mayo de 2018

Doctor en “Paz y Seguridad Internacional” por la UNED,
Miembro de la Fundación “Seminario de Investigación para la Paz” de Zaragoza.
Miembro del Grupo de Expertos del Observatorio PSyD de la Cátedra de Paz, Seguridad y Defensa de la Universidad de Zaragoza.