¿Misión cumplida?

Publicado en El Siglo de Europa

 

Pues depende de a qué misión nos estemos refiriendo. Hasta hace unos pocos meses, todo el conflicto de Siria estaba relacionado con la idea de “derrotar al Estado Islámico”. Con ese simple (mejor dicho, simplificado) objetivo, se lograba mantener la tensión que siempre necesita una estrategia dominante: la estrategia del miedo.

Pero los principales actores, en la “guerra de todas las guerras” de Siria, no tienen al Estado Islámico (EI) como su principal enemigo.

Por un lado, Bashar al Assad, junto a Rusia, tiene a los grupos de la oposición como sus principales rivales, mientras que Turquía se focaliza en el separatismo kurdo. A su vez, los kurdos, sean sirios o iraquíes, no quieren mantener sus fronteras étnicas, sino que prefieren que el mundo árabe se divida. Por otro, los saudíes tampoco consideran al EI como el principal peligro ya que representa una forma de radicalismo sunita que siempre han apoyado, y su enemigo es Irán. Y para completar el puzle Israel –siempre enfrentado a Irán– está también encantado de ver a Hezbollah peleándose con los árabes, a Irán involucrado en una guerra incierta… Y mientras, todos olvidándose de la causa palestina.

No obstante, los “estrategas del miedo” consideraron recientemente que el Estado Islámico estaba en sus horas bajas, y que ya no tenía la rentabilidad operativa de sus inicios. Era necesario mutar hacia otros argumentos. Y ahí, el “estratega mayor”, Donald Trump, vuelve a jugar un importante papel en el cambio de ruta, utilizando sus recursos tuiteros.

Y el nuevo rumbo es evitar que el gobierno de Siria utilice armas químicas contra su propio pueblo. No importa que vayan ya más de 500.000 muertos y 12 millones de desplazados sino cómo han muerto los últimos, tras el presunto ataque de Bashar al Assad a Duma con agresivos químicos.

Ante el paso de esta línea roja, el improvisado eje formado por Washington, París y Londres preparó un ataque, definido como “preciso, limitado y legítimo”, con anuncio previo de los objetivos a batir. Un ataque “ético y estético”, disfrazado de fines humanitarios, que para muchos ha sido lanzado con el mero propósito de salvar la cara de Trump acosado por todos los lados (en el interior de su país y en el exterior).

Es dudoso que, en este sentido, Trump pueda presumir de “misión cumplida”.

Pero…, también hay quien opina que pudiera haberse tratado de una escenificación de fuerza para vender “determinados productos”: uno de los objetivos de su presidencia.

El lanzamiento desde plataformas aéreas y navales de más de 100 misiles crucero (en versiones americana –Tomahawk–, británica –Storm Shadow– y francesa –SCALP–), a un “módico” precio unitario de 600.000 a un millón de dólares, puede parecer, más bien, una escenificación preparada para ser incluida en un gran “anuncio comercial” de 90 minutos (duración del ataque) en el que sólo faltaría el eslogan publicitario: “¡Compre!. ¡Estamos que los tiramos!”

Sí, toda una panoplia de ofertas (algunas de ellas necesitadas del certificado de “proven in combat” –probado en combate–) que trata de aprovechar el “tour de lavado de imagen” que está realizando, por varios países, el heredero saudí MBS (Mohammed bin Salman). Un lavado realizado a base de suculentos contratos de armamento.

Y eso no es nada nuevo. Porque anuncios similares, con parecida escenografía –absurda justificación y generosa campaña de marketing en todos los noticiarios de televisión–, los vimos con la, casi olvidada, “madre de todas las bombas”. Un proyecto tecnológico de principios de los años 2000 que fue ofrecido como la mayor de las bombas nunca fabricada (10 Tm de peso, 10 m. de longitud y capaz de lograr daños a 1,5 km. de su epicentro de explosión).

Una “perfecta inutilidad”, que tuvo sus minutos de gloria (hace un año) al ser lanzada contra un “objetivo estratégico”, ofrecido por Donald Trump, en el profundo Afganistán.

Quizás se refiera a estas cosas el presidente Trump, y el lobby armamentista, cuando habla de “misión cumplida”

Las opiniones vertidas en los artículos, no son necesariamente compartidas por el FMD, son opiniones personales del autor.

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