50 Aniversario de la ‘Ofensiva del Tet’ en Vietnam. Conclusiones

Buscar un ejemplo de sorpresa, coordinación y ferocidad en un ataque en la guerra moderna, quizás sea igualada por la ofensiva de los alemanes en las Ardenas durante la Segunda Guerra Mundial.

En apariencia y sobre el terreno el Tet (Fiesta de celebración del Año Nuevo Vietnamita) fue un triunfo de las Fuerzas Aliadas, lideradas por Estados Unidos en Vietnam del Sur era incuestionable. A costa de unas 4000 bajas (entre muertos y heridos) de las fuerzas norteamericanas y otras 8000 bajas del Ejército de la República de Vietnam del Sur, las fuerzas del Ejército de la República Popular de Vietnam del Norte y sus aliados en el sur del Viet Cong alcanzaron las 40.000 bajas en el campo de batalla. Y más aún habían caído en combate insustituibles cuadros de mando y del Viet Cong. Este éxito militar había quedado oscurecido por las consecuencias políticas, mas importantes, de la ofensiva del Tet. Tal como Douglas Pike (uno de los pocos expertos que han estudiado y comprendido al Viet Cong y al pueblo Norvietnamita) dice: “Si la guerra de Vietnam hubiese sido otra guerra convencional, si se hubiese decidido, si se hubiese decidido conforme a las guerras anteriores, habría finalizado a mediados de 1968 con la derrota de las fuerzas comunistas”. Un oficial de caballería comentó lo siguiente sobre aquellos acontecimientos: “Para nuestra total perplejidad, en las semanas que siguieron nadie publicó siquiera esta proeza de la victoria en el campo de batalla. ¡En cambio, leíamos que habíamos sido derrotados!”

También es importante recordar que los estrategas de Vietnam del Norte habían proyectado la ofensiva para impresionar a los sudvietnamitas que al público norteamericano. El General del Ejército de la República Popular de Vietnam del Norte Tran Do, comentó después de la guerra: “No alcanzamos nuestro principal objetivo, que era forzar el levantamiento en todo el Sur. Con todo , infligimos cuantiosas bajas….En cuanto a causar impacto en Estados Unidos, no era esa nuestra intención, pero se transformó en un resultado afortunado.”

En muchos sentidos, la batalla de la Embajada fue un microcosmos, una representación de toda la guerra. El armamento y explosivos empleados durante el ataque se deslizaron fácilmente a través del inadecuado cordón sudvietnamita en torno a la capital.

Resulta interesante que el alto mando comunista no alcanzase a valorar el potencial impacto psicológico que podía tener el asalto a la embajada.

El Estado Mayor de Vietnam del Norte y del Viet Cong, habían cronometrado la ofensiva para un periodo vacacional en el que sudvietnamitas y norteamericanos relajarían la vigilancia. También era un momento crítico en Estados Unidos. Fue justo antes de la primera vuelta de las elecciones primarias para la presidencia y por tanto, en palabras de Don Oberdofer, “cogieron al sistema político norteamericano en su momento de mayor irresolución y abierto al cambio”. La cobertura incompleta, inexacta y partidista de la prensa influyó en la percepción del público.

La técnica de desgaste seguida por Westmoreland, fue una estrategia fallida y debería haberse hecho aparente antes incluso del Tet. Si la estrategia de desgaste no conseguía acabar con el enemigo con la suficiente rapidez, entonces el resultado dependería de la fuerza de voluntad. La historia en la lucha contra los franceses , y no digamos la larga historia de la resistencia vietnamita contra los chinos, demostraba claramente que la moral comunista, revestida con el manto del tozudo nacionalismo vietnamita, no iba a quebrantarse.

Si la escalada no daba resultado, parecía que la única alternativa que quedaba era la negociación. Muchos historiadores señalan la noche del 27 de febrero de 1968 como un momento decisivo en la guerra. Esa noche, el popular y respetado periodista norteamericano,

Walter Cronkite, emitió un informe especial en la televisión resumiendo la ofensiva del Tet. Cronkite acababa de regresar de una accidentada gira por Vietnam del Sur y lo que había visto le había deprimido extraordinariamente. Comenzó su informe en términos sumamente desesperanzados. Mientras la cámara mostraba los daños causados por la Batalla de Raigón, susurraba que las ruinas “en esta tierra calcinada, devastada y fatigada…significan éxito o revé, victoria o derrota, según con quien se hable”. Procedió a yuxtaponer junto a los comentarios , que minimizaban los reveses, los relatos de testigos presénciales seleccionados que hablaban del desastre. No dejó duda alguna acerca de sus propios sentimientos, empleando expresiones tales como “las destrozadas piezas” de la pacificación, declarando que el Gobierno sudvietnamita “podía obtener una victoria sobre la derrota”. Sus entrevistas y filmación parecían desacreditar todos los pronunciamientos oficiales. Cronkrite concluía: “Nos hemos visto decepcionados con demasiada frecuencia por el optimismo de los lideres norteamericanos…Decir que hoy estamos más cerca de la victoria es creer, a pesar de la evidencia, a los optimistas que ya se habían equivocado en el pasado…Decir que hemos llegado a un punto muerto, parece la única conclusión realista, aunque resulte insatisfactoria…cada vez más evidente para este periodista que el único camino de salida razonable será la negociación, no como vencedores, sino como un pueblo honorable que cumplió su promesa de defenderla democracia e hizo todo lo que estuvo en su mano.”

Antes de la Ofensiva del Tet el 45% de la población norteamericana, opinaba que era un error, después del Tet, la opinión en contra ya era de un 49%. Y lo que era más importante, la extremada influyente de la costa Este, los magnates de los medios de prensa y una cantidad importante de los artífices de la opinión y políticos de Washintong DC, decidieron que la guerra estaba perdida.

Se puede deducir que la prensa norteamericana jugó un papel decisivo en la Ofensiva del Tet aunque sus análisis y conclusiones sobre la misma fueron bastante poco exactos. En realidad, la mayoría de la población civil sudvietnamita era neutral y estaba mas interesada en sobrevivir que en otra cosa. Las fuerzas del norte, necesitaban poca ayuda adicional a la prestada por los cuadros locales, que representaban un pequeño porcentaje respecto a la población total. El terreno facilitaba el resto. Incluso Saigón estaba rodeada de pantanos, bosques y canales. Las fuerzas de Vietnam del Norte y el Viet Cong, se aprovecharon de estos escondrijos para marchar en secreto hacia determinadas áreas en los arrabales de la ciudad. Pero este importante hecho lo desconocía la mayor parte de la prensa y por consiguiente, no llegó al conocimiento del público. Además, la prensa tenía escasos contactos dentro del estamento militar sudvietnamita. Los pocos periodistas que se concentraron en la actuación del Ejército de Vietnam del Sur, solo resaltaron las acciones de las unidades y líderes que habían combatido más deficientemente. Este mensaje reforzó el sentimiento creciente de que Norteamérica estaba sola en la lucha.A su vez, los lideres políticos y militares, desde Jonson y Westmoreland para abajo, achacaron a la prensa la perdida de la guerra.

Hacia finales del mes de marzo, el cambio de la marejada doméstica llevó a un orgulloso y amargado Presidente Jonson a anunciar que no se presentaría a la reelección. En un esfuerzo para negociar un acuerdo los norteamericanos y los norvietnamitas se reunieron en París, a mediados de mayo de 1968. Los líderes norteamericanos no llegaron nunca a entender plenamente la estrategia de negociación norvietnamita de “combatir y parlamentar”. Aún habrían de morir mas norteamericanos después de haber comenzados las conversaciones de paz, antes de que empezaran a comprenderlo.

El 3 de julio, el general William Westmoreland abandonó el cargo de Comandante del Mando Conjunto Aliado de Vietnam (MACV) para convertirse en el nuevo Jefe de Estado Mayor del Ejército de Estados Unidos. Respondiendo a la política doméstica su sucesor, el general Creighton Abrams, ordenó grandes cambios estratégicos. La agresividad táctica norteamericana cedió el paso a la nueva orden de reducir sus bajas en el campo de batalla. E

igual de importante, el alto mando decidió que, en adelante, las tropas sudvietnamitas pasarían de la labor de pacificación a asumir el papel de protagonistas del combate. Esta decisión, anunciada formalmente por la Junta de Jefes de Estado Mayor el 16 de abril de 1968, marcóel comienzo de lo que se convertiría en la desdichada política de “vietnamización”. Por consiguiente la ofensiva del Tet alcanzó una cierta simetría en los resultados: destruyó al Viet Cong, pero motivó que los norteamericanos comenzaran a desligarse mientras dejaban la guerra en manos de los sudvietnamitas. El futuro dependería, a partir de ese momento, de la contienda entre tropas regulares de Vietnam del Norte y del Sur.

La Ofensiva del Tet mostró a muchos el dilema esencial al que se enfrentaban los militares norteamericanos en Vietnam: “Las guerrillas ganan si no pierden. Un ejército convencional pierde sino se gana.” Incluso este comentario oculta la faceta más importante de la guerra: que fundamentalmente se trataba de una contienda política. Las fuerzas de Vietnam del Norte y del Viet Cong reconocieron esto desde un primer momento y diseñaron una estrategia politico-militar integrada para ganar la guerra. Los políticos norteamericanos se negaron a movilizar la voluntad política de la Nación e interfirieron en la estrategia militar en su detrimento, aunque, al final prestaron oído a los generales que afirmaban que podían vencer en el campo de batalla.

Los militares, por su parte, no aparte, no apreciaron las derivaciones políticas de sus actos. Un oficial norvietnamita, explicando el motivo de la derrota norteamericana, lo expuso con mayor sencillez: “El segundo punto débil de ustedes fue intentar ganarse los corazones y la mente de la gente, mientras utilizaban bombas para matarlos.”

Durante la ofensiva del Tet, los militares norteamericanos habían alcanzado éxitos notables y sufrido algunos fracasos importantes. Westmoreland no había conseguido alertar adecuadamente a todas las unidades antes del asalto enemigo. Fue sorprendido en medio del traslado de formaciones importantes hacia el Norte. Subestimó la importancia psicológica de Saigón y Hue. No consiguió establecer un plan coordinado estadounidense/Ejército de Vietnam del Sur para la defensa de la ciudad.

Tácticamente la sorpresa de la ofensiva, cogió a los aliados escasos de armamento y carentes de técnicas de armamento y carentes de técnicas de guerra urbana. Forzados súbitamente a un duro combate casa por casa, los soldados se encontraron desprovistos de armas pesadas de fuego directo. Tenían que confiar en el armamento de los helicópteros, en los ataques aéreos y la artillería, que al ser de menor precisión que los cañones sin retroceso de 16 mm., incrementaban las bajas de civiles.

El Tet fue un revés importante para el estamento militar sudvietnamita en vías de perfeccionamiento. Junto con sus asesores, las unidades del Ejército de la República de Vietnam del Sur combatieron sin ayuda sobre el terreno en 36 de las 44 capitales de provincia, 64 de las 242 capitales de distritos así como 50 asentamientos que fueron atacados al comienzo del Tet. Las mejores unidades cumplieron muy bien durante la lucha. Algunas divisiones poco valoradas combatieron mucho mejor de lo esperado, estas sufrieron serias pérdidas y decayeron a consecuencia del Tet. La lista oficial de victimas, probablemente subestimó las bajas sudvietnamitas: 4.954 muertos, 15.097 heridos y 926 desaparecidos. Las estimaciones no oficiales calculaban al menos en el doble el total de soldados muertos.. la tremenda violencia del asalto comunista demostró a los sudvietnamitas que su propio gobierno no podía protegerles. La ocupación por parte de las Tropas de Vietnam del Norte y del Viet Cong de la histórica ciudad Imperial de Hue tuvo un impacto muy negativo sobre la moral sudvietnamita, comparable a la reacción pública norteamericana ante el ataque de su Embajada en Saigón. La fatiga de guerra se implantó a nivel nacional y las deserciones aumentaron enormemente. A finales de 1967, la tasa de deserción era del 10,5 por mil. Después del intenso combate y de las nuevas órdenes de movilización, la tasa, en julio de 1968, era del 16,5 por mil; solo en el mes de julio desertaron 13.506 hombres.

Desde el punto de vista de las Fuerzas de Vietnam de Norte y sus aliados del Viet Cong, el Tet había conseguido en el campo de batalla un resultado muy inferior a lo esperado. El mando de Hanoi había sobreestimado la disposición del pueblo de Vietnam del Sur para alzarse y derribar al Gobierno. El General Giap (héroe de Bien Thien Fu) estratega en la expulsión de los franceses de indochina y artífice de la invasión de Vietnam del Sur, había cedido a la impaciencia y juzgado erróneamente la situación. En los meses siguientes a la ofensiva tuvo lugar un debate doctrinal en el seno del mando de Hanoi. Revisada la doctrina de Mao para la guerra de guerrillas y dividida en varias fases, llegaron a la conclusión de que la victoria podría ganarse por la creación de una Super-guerrilla. Este combatiente no era otra cosa que la guerrilla local, camuflada y con armamento ligero. Se trataba, principalmente de combatientes bien entrenados, equipados con el mejor armamento que el bloque comunista podía proporcionarles. Empleaban equipos modernos de comunicaciones para coordinar su esfuerzo y realizaban mortíferas incursiones contra instalaciones enemigas con el fin de limitar las iniciativas del enemigo y doblegarle. Sin embargo las perdidas durante el Tet fueron tales, que los comunistas se vieron incapaces de lanzar ningún ataque de consideración durante el año 1969.

La Ofensiva del Tet , unida a las subsiguientes ofensivas del verano, casi aniquilaron al Viet Cong. Este sufrió perdidas irreparables entre sus lideres y agentes mas importantes. Tal como se lamentaba un superviviente: “perdimos a lo mejor de nuestra gente”. En adelante los norvietnamitas tuvieron que asumir lo mas duro de las operaciones de combate. Las bajas combinadas del Ejército de Vietnam de Norte y del Viet Cong, habían sido tan cuantiosa que necesitaron cuatro años para recuperarse antes de lanzar otra ofensiva importante. Incluso entonces , la Ofensiva Oriental de 1972 descargó en los soldados del Ejército de la Republica Popular de Vietnam del Norte el 90 por ciento de todas las operaciones.

Dadas las diferencias entre los objetivos de Hanoi y del Frente Popular de Liberación (Viet Cong), la destrucción de las fuerzas del Viet Cong no fue del todo mal acogida en el Norte, ya que la ofensiva hizo desaparecer a muchos Cuadros de Mando y líderes que podían haber amenazado la hegemonía del Norte. Numerosos supervivientes de alta graduación del Viet Cong se sintieron muy descorazonados ante lo sucedido a su movimiento. Se sentian traicionados por sus hermanos del Norte e incluso algunos tuvieron que huir del país.

En cuanto a los Norvietnamitas, el Tet señaló el cambio de la marea aunque no fue apreciado en su momento. Ante la pregunta si el Alto Mando supo que había ganado la guerra en 1968, un general respondió: “Si y no. Nixon comenzó la retirada, pero la vietnamización fue un periodo difícil para nosotros….1969 y 1970 nos resultaron muy duros. La lucha fue muy fiera.”

En tanto que los comentarios posteriores, de las Fuerzas del Norte y del Viet Cong, sobre muchos de los ataques, particularmente los de Saigón, estuvieron llenos de una honesta autocrítica, Hue fue considerada una batalla “cuya característica más sobresaliente fue que conseguimos un éxito global”. El mando comunista estaba especialmente complacido al señalar que “Hue era el punto donde el espíritu reaccionario había existido durante diez años. Sin embargo, nos llevó poco tiempo extirparlo hasta sus raíces.” Sin apología alguna, este fue el punto de vista del Viet Cong de la masacre de civiles.

La probabilidad de que los comunistas hubiesen aguantado una contraofensiva aliada (como la propuesta por Wetmoreland) durante 1968, es uno de los inquietantes “imponderables” de la guerra de Vietnam. Pero recuerden las palabras de un Oficial Norvietnamita:“Tuvimos cientos de miles de muertos en esta guerra. Habríamos sacrificado uno o dos millones más si hubiese sido necesario.”

BIBLIOGRAFIA BÁSICA:

Dans les maquis “Vietcong”

Autora:Madeleine Riffaud

Editorial: Ren Julliard, París.(1965)

Tet Offentive 1968

Autor: James R. Arniold

Editorial Osprey (Reed International Books Ltd.). (1991)

Desperta Ferro (contemporánea) Nº 6. (2014)

Una película para ver:

LA CHAQUETA METÁLICA. 1987 dirigida por Stanley Kubrick.

Un libro para leer:

CON LAS GUERRILLAS DEL VIETCONG Madeleine Riffaud. Editorial Hiru 2015.

Una Canción para escuchar:

WHAT A WONDERFUL WORLD Bob Thiele interpretada por Louis Armstrong en 1966.

Brigada del Arma de Ingenieros retirado. Diplomado en Graduado Social por la Escuela Social de Madrid y Máster en Dirección y Gestión de Recursos Humanos en el CEF. Es miembro de AUME, de la que fue Delegado en Asturias, y del Foro Milicia y Democracia.