Algunos pormenores del Procés

Cuando la Generalitat no tenía dinero ni para pagar a las farmacias, el Govern decidió crear una oficina en Alguero (Cerdeña) para hacer lobby nacionalista en esta localidad italiana que según los separatistas forma parte de lo que ellos llaman Països Catalans. Las autoridades locales presentaron una protesta por considerar que las actividades de esta oficina suponían una injerencia en los asuntos internos italianos.

La Generalitat también ha provocado varios conflictos diplomáticos con Francia. El último conocido se produjo en noviembre de 2016 cuando el Gobierno francés se quejó ante el Gobierno español porque el Parlament había acordado reconocer el derecho de autodeterminación al sur de Francia.

Los roces diplomáticos con Francia e Italia, y las injerencias en Baleares, Comunidad Valenciana, Andorra, y franja de Aragón, presagian lo que sucedería si la Generalitat se constituyese en un estado independiente con ejército propio. En ese caso Cataluña sería un estado expansionista que pondría en cuestión todas sus fronteras terrestres, aéreas, y marítimas. De momento al Mar Balear ya le llaman el Mar Catalán.

Francia mantiene el control aéreo de una franja del Mediterráneo que va de Norte a Sur, desde Marsella hasta el límite con Argelia. Por el Oeste linda con Menorca y por el Este pasa a pocos kilómetros de Cerdeña.

Este enorme espacio aéreo lo consiguieron los franceses en la época colonial para tener comunicación directa entre la metrópoli y Argelia. Ahora lo lógico sería que el control francés finalizase por el sur con una línea trazada de Este a Oeste, desde el norte de Cerdeña hasta la frontera con Francia en Portbou. El espacio situado al sur de esta línea se debería repartir entre Italia y España, aunque ninguno de estos países ha mostrado interés en ampliar su zona de influencia.

Los independentistas catalanes reivindican Menorca y parte de Cerdeña, es decir, ambas orillas por lo que una vez constituido el nuevo estado catalán, reclamarían para ellos el control aéreo de la zona y habría un nuevo conflicto con Francia e Italia. Estos dos países nunca reconocerían una declaración unilateral de independencia ante el temor de que un hipotético estado expansionista catalán cuestionara sus fronteras y desestabilizase el Mediterráneo occidental.

De los países del entorno, la Generalitat sólo podría aspirar a obtener el reconocimiento de Marruecos, dependiendo de cuál fuesen las relaciones Madrid-Rabat del momento. Eso se sabe por el número de subsaharianos que cruzan ilegalmente las fronteras de Ceuta o Melilla pues las oleadas de inmigrantes las coordinan desde Rabat.

El apoyo de Marruecos a los secesionistas viene de antiguo, comenzó cuando la opción independentista empezó a cobrar fuerza. Marruecos vio entonces una posibilidad de debilitar a España fomentando el separatismo en Cataluña y puso a sus servicios de información a trabajar a favor de la independencia. Colocaron al frente de la Fundació Nous Catalans y de la Unión de Centros Culturales Islámicos de Catalunya, a Noureddine Ziani, agente de los servicios secretos marroquíes que mientras defendía la independencia de Cataluña, hacía campaña pública a favor de la ocupación militar del Sahara por parte de Marruecos. Cuando Noureddine Ziani fue expulsado de España por fomentar el salafismo, el Govern puso el grito en el cielo.

Tras los recientes incidentes del Rif, los independentistas catalanes han perdido el apoyo de Marruecos porque el Gobierno español ha ofrecido su colaboración a Rabat a cambio de que Marruecos deje de ayudar a la secesión catalana, el problema es que las relaciones con Marruecos pueden cambiar en cualquier momento, como viene siendo habitual.

En cuanto a la comparación del Procés con Quebec y Escocia, son muchas las diferencias que nos separan. Canadá y el Reino Unido no padecen la herencia de ninguna dictadura y por otro lado, los independentistas de esos países respetan el derecho nacional e internacional, sobre todo en Quebec donde los secesionistas han acatado el Dictamen del Tribunal Supremo de Canadá del 20 de agosto de 1998 que exige para una hipotética independencia de Quebec, un voto mayoritario claro a favor de la independencia y que el nuevo estado sea reconocido por la comunidad internacional. Las condiciones del Tribunal Supremo de Canadá aplicadas a Cataluña no serían, ni son cumplidas por los separatistas catalanes.

Pero sobre todo, la diferencia entre Escocia y Quebec radica en que su independencia no llevaría consigo la desestabilización de los países colindantes, no serían estados expansionistas, no aspiran a modificar sus fronteras, y Cataluña sí.

La falta de respeto por la legalidad nacional e internacional de los nacionalistas catalanes está despertando a sus homónimos españoles. Si ya son alarmantes de por sí las soflamas del general Chicharro, no es menos preocupante el cambio de opinión de algunos miembros de asociaciones militares que hasta hace poco afirmaban que nunca obedecerían órdenes ilegales respecto a Cataluña y sin embargo ahora sostienen que el mandato del artículo 8 de la Constitución, que encarga la defensa de la Carta Magna al Ejército, les plantearía dudas sobre la legitimidad de esas órdenes.

Conviene señalar que España es el único país europeo que encarga la defensa de la Constitución a los militares. En las democracias europeas la defensa de las constituciones se asigna a los tribunales respectivos o a los organismos equivalentes. Ahora, apoyándose en el artículo 8 se oyen voces diciendo que el Gobierno no actúa lo suficiente y que el Ejército debe garantizar que se cumpla la Constitución en Cataluña.

La Generalitat se ha situado al margen de la ley, esperemos que sean los únicos en hacerlo porque los nacionalismos y las religiones son los causantes de las mayores desgracias que ha padecido la humanidad, y el separatismo catalán no parece que vaya a ser una excepción.

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