Con Franco se estrellaba un avión al mes

Con excepción de Gabriel Cardona y algún que otro erudito, son pocos los historiadores que han dedicado su tiempo a estudiar el ejército de Franco que como ha dicho el anterior JEMAD, se parecía más a una milicia de partido que a un ejército nacional.

Un dato escalofriante es el número de aviones militares que se estrellaron durante la dictadura.

El número de pilotos accidentados en las promociones que salieron de la AGA, Academia General del Aire, desde 1949, fecha de salida de la primera promoción, hasta diciembre de 1978, año en que entró en vigor la Constitución Española, fue de 227 pilotos muertos en accidente aéreo.

Si a estos 227 pilotos de la AGA, sumamos los accidentes de los pilotos de complemento y de los pilotos procedentes de la guerra, obtenemos una media aproximada de un accidente de aviación al mes durante el franquismo.

Para hacernos una idea de la magnitud de las cifras, la primera promoción de la AGA estaba compuesta por 141 miembros de los que 31 fallecieron en accidente de aviación, es decir murió un 21,9 % de sus miembros en accidente aéreo, en tiempos de paz.

La Segunda promoción, de 135 miembros, se accidentaron 27, el 20,0 %

La Tercera promoción, de 70 miembros, se accidentaron 11, el 15,7 %

La Quinta promoción, de 54 miembros, se accidentaron 11, el 20,3 %

La Novena promoción, de 79 miembros, se accidentaron 13, el 16,4 %

La Trece promoción, de 84 miembros, se accidentaron 14, el 16,6 %

Estas cifras son similares a los aviones de la RAF derribados durante la Batalla de Inglaterra.

En efecto, en la Batalla de Inglaterra participaron 143 polacos de los que fueron derribados 29, es decir, el 20,2 %. Porcentaje similar a los aviones accidentados en España en tiempos de paz.

La censura se encargaba de que estos accidentes no salieran ni en la página de sucesos, salvo cuando el avión se estrellaba en medio de una población o tenía consecuencias imposibles de ocultar. Como sucedió por ejemplo el 13 de mayo de 1969 en Alcalá de Guadaira cuando un reactor F-86 se estrelló en medio de la población, delante de la novia del piloto.

El principal motivo de accidentes era la falta de disciplina del ejército de Franco, pues aunque sea sorprendente, en aquellos tiempos la disciplina en vuelo brillaba por su ausencia.

Hacer vuelo rasante, dar pasadas a la novia, volar por debajo de los puentes etc. eran maniobras cotidianas. Hoy a ningún piloto se le ocurre atravesar un puente, pasar la barrera del sonido apuntando a una población o dejar a un pueblo sin luz por haberse llevado los cables del tendido eléctrico, actos que ocurrían con relativa frecuencia en tiempos de la dictadura.

Otra causa importante de accidentes era el estado obsoleto del material. Los Messerschmitt 109 alemanes estuvieron en servicio en El Copero hasta bien avanzada la década de los 60 y aún más longevos fueron los Heinkel 111 y los Junker 52.

Este material de desecho que ya se exhibía en los museos europeos desde hacía lustros, era utilizado aquí a pleno rendimiento, aunque su eficacia en una guerra moderna era nula, como tuvimos ocasión de comprobar en la guerra de Ifni.

En esa guerra inexistente, y digo inexistente porque sigue siendo secreta, se utilizó un avión de transporte el Junker 52, una reliquia, como avión de bombardeo. Para ello se empleó la sofisticada técnica de atar granadas de mano a bidones de gasolina que eran lanzados por la puerta de los aviones.

En los ejércitos europeos de la época, el porcentaje de accidentes era mucho menor porque no tenían un material tan obsoleto, la disciplina era bastante mayor y la organización era mucho más sofisticada que la de Franco.

En cualquier ejército europeo se hubiesen disparado todas las alarmas y se hubiesen adoptado las medidas correspondientes antes de alcanzar las apabullantes cifras de accidentes aéreos que durante décadas se produjeron durante el franquismo, pero aquí no se encendía ninguna luz roja porque no había ni luces de aviso.

José Ignacio Domínguez es Teniente Coronel de Aviación, Comandante de Iberia, y abogado del ICAM. Fue portavoz en el exilio de la UMD.