La Guerra de las Malvinas se perdió en Álava

Nadie pone en duda que los militares argentinos organizaron la guerra de las Malvinas para tratar de seguir manteniéndose en el poder. No obstante, si el resultado de la guerra hubiese sido diferente, desaparecida la dictadura militar, las Malvinas serían ahora argentinas.

¿Por qué se perdió la guerra de las Malvinas? Muchos analistas coinciden en que la aviación argentina pudo ganar la guerra si hubiesen realizado un ataque masivo a la flota inglesa antes de comenzar el desembarco y si las numerosas bombas que impactaron en los buques británicos hubiesen explotado.

Los aviadores argentinos realizaron auténticas proezas. Para llegar a la zona de combate situada a 700 kilómetros de la costa argentina, tenían que repostar en vuelo. Después de llenar los depósitos de combustible se lanzaban en picado sobre el mar para acercarse a la flota inglesa a ras del agua y evitar así la defensa antiaérea de la flota británica y los misiles de los Harrier.

Tardaban hora y media en llegar a la zona, tiempo más que suficiente para que los ingleses estuvieran esperándolos, porque la flota inglesa era informada al instante cada vez que despegaba un avión de Rio Gallegos o de San Julián.

Los Harrier ingleses son aviones de ataque a tierra, no sirven como interceptadores por su poca velocidad y autonomía, pero al producirse las interceptaciones cerca de sus bases y a poca altura, les permitía mantener el combate aire-aire más tiempo que a los argentinos que iban muy justos de combustible para poder regresar a la costa. La menor velocidad de los Harrier se compensaba con los misiles sidewinder de última generación de que iban dotados.

No es cierto que la técnica de combate aire-aire de los ingleses fuese superior a la de los argentinos. Los argentinos no iban a derribar aviones ingleses, lo que pretendían era eludirlos para poder acercarse a los buques de la flota y lanzarles las bombas que llevaban bajo los planos. Su objetivo era hundir barcos, no derribar aviones.

Cuando los argentinos se acercaban a la flota inglesa lo suficiente como para ser blanco de los Harrier, se pegaban a la cresta de las olas y a escasamente dos metros de altura hacían virajes bruscos en zigzag para engañar a los misiles ingleses que mayoritariamente impactaban en el agua debido a que eran lanzados desde una altura superior y el radio de giro de los misiles es muy amplio por lo que descendían por debajo del nivel del avión y se estrellaban en el mar.

Los pilotos argentinos veían a los buques ingleses en la lejanía como un punto en el horizonte, pero en unos instantes, volando a más de 400 nudos de velocidad, ese punto se convertía en una ingente mole que se les presentaba delante del morro de su avión. Tanto se acercaban al buque inglés que sólo podían librase del impacto contra él, tirando hacia arriba porque si viraban a uno u otro lado, el avión ya no tenía capacidad de giro.

A esa escasísima distancia y bajo una lluvia de misiles aire-aire, tierra-aire y artillería antiaérea que les disparaban de arriba hacia abajo, con la consiguiente dificultad de hacer blanco, los argentinos lanzaban sus bombas de media tonelada contra los buques ingleses y les hacían unos boquetes de más de dos metros de diámetro en los costados que les provocaba un balanceo y unos sustos considerables. Pero todo se quedaba en susto porque las bombas no explotaban.

Los argentinos, una vez lanzadas las bombas o la bomba, porque muchas veces sólo transportaban una bomba de media tonelada, tiraban de la palanca hacia atrás, sobrevolaban el buque inglés y haciendo maniobras evasivas trataban de volver hacia el avión nodriza para repostar de nuevo. Todo sin disponer de contramedidas electrónicas eficaces.

Cuando los argentinos perdían la ventaja del vuelo rasante y se elevaban sobre el buque inglés era el momento más vulnerable. Fue esa maniobra la que ocasionó más derribos de aviones argentinos.

En resumen, los aviadores argentinos hacían lo más difícil, conseguían acercarse a su objetivo, lanzar las bombas y dar en el blanco, pero las bombas no estallaban.

Eso le sucedió por ejemplo al Her Majesty´s Ship, HMS Antelope que recibió el impacto de dos bombas de media tonelada cada una en la mañana del 23 de mayo de 1982. En esta ocasión, los artificieros ingleses cometieron un error al desactivar una de las bombas que explotó por la noche ocasionando un incendio y el posterior hundimiento de la fragata a la mañana siguiente.

En plena guerra los ingleses se preguntaban ¿por qué no explotan las bombas? La respuesta la obtuvieron cuando la guerra ya había terminado. El problema estaba en que las espoletas estaban calibradas con demasiado retardo.

Muchas de estas bombas estaban fabricadas por EXPAL, Explosivos Alaveses S.A., con sede en Vitoria, lo que nos permite afirmar que la guerra de las Malvinas se perdió en Álava.

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